X-Men primera generación: fiesta psico-freak

X-Men First class cae en una de esas leyes artísticas, inevitables a las ficciones exitosas. Quienes hayan tenido la pesada carga de leer en la secundaria el Poema del Mío Cid, o al menos para los que vivan cerca de su monumento en el centro geográfico de la ciudad, seguramente se sorprenderán al enterarse de que silgos más tarde del éxito del poema que cuenta las hazañas del Cid campeador, se publicaron Las mocedades de Rodrigo, cantar de gesta castellano que cuenta lo que hacía el Cid de pendejo, como por ejemplo, matar al padre de la doncella Jimena y luego casarse con ella, después de matar a millones de moriscos, o iniciar una guerra entre la Castilla y la Francia medievales. Los de la generación que hoy rondan los veinte y treinta, conocen esta ley de la ficcionalización del origen o la juventud del héroe, mediante dibujos animados como el joven Scooby-doo, los jóvenes Tom y Jerry, trilogías cinematográficas como Star Wars episodios I, II y III, o series televisivas como Smallville. Esto es, la necesidad tanto de seguir llenando los bolsillos con una misma idea, así como la de explicar cómo llegaron las cosas a estar como estaban la inicio de la primera película de la saga.

Pero este film, además de explicar cómo comenzó todo, entre esos dos mutantes, que son Magnetto (el del casco, por Michael Fassbender, el mismo actor que hizo de cuchillero alemán degüella nazis en la obra maestra de Tarantino ) y el Profesor X (el de la silla de ruedas, por James McAvoy, el pibe que hace de joven doctor en esta perfecta crónica de una dictadura africana), se inmiscuye atrevidamente en la historia mundial, instalándose en los años más crudos de la Guerra Fría. Por eso hay escenas que nos recuerdan el ácido y desesperado humor del explosivo científico loco de Kubrik. Y por eso retrata tan bien la personalidad yanqui: primero contra los Nazis, después con los Nazis, contra los soviéticos, ¿y luego? ¿todos juntos contra los mutantes?

El Profesor X, que de joven se llama Charles Xavier, es un exitoso universitario investigador de la evolución genética. Junto con el joven Magnetto, llamdo Eric Lehnsherr, un hombre resentido que logró evitar el campo de concentración nazi y que vio morir a su madre en manos de uno de los capitanes alemanes, comienzan a reclutar los mutantes americanos para ayudar a la CIA en lo que parece ser una maniobra inminente de los rusos para instalar bombas nucleares en Cuba. Ahora, ¿qué pasará después de la ayuda de los "freakis" (como a veces los llaman para su sufrimiento)? ¿Qué harán ellos? ¿Integrarse en la sociedad que los denueda así como los homo sapiens se instalaron en la de los homo erectus?

La problemática tan recurrente en esta trilogía -la xenofobia- aparece más viva que nunca, por momentos relegada solo a la estética (Emma Frost es una chica que nunca se sintió "normal" por ser toda azul y tener escamas, y eso que nunca fue a una secundaria estatal), y por momentos dibujando la pregunta que todos nos hacemos una o dos veces por mes: ¿somos los seres humanos buenos o malos? ¿Podemos vivir en un mundo, aceptando a nuestros semejantes que a veces son tan diferentes a nosotros? ¿O deberemos eliminarlos de nuestra realidad? ¿Por qué los mutantes solo aparecen en Los Estados Unidos de América? ¿Es el Diego uno de estos X-Men? La lengua argentina así lo cree.
Por lo demás, la película está bien. Nada muy alejado de lo que veníamos viendo en las anteriores. Algunos cuantos chistes predecibles, algunas explicaciones sobre por qué existe esa bestia azul que hace de diplomático, por qué hay tanto odio en el alma de Magnetto, algunas explosiones, un pifie tragicómico para los que sí sabemos dónde queda Villa Gesell, una breve e irónica apárición de Wolverine, algunos combates sangrientos llenos de efectos especiales, y por momentos, el mejor clima de los psicodélicos años locos que fueron los sesentas, cuando Los Beatles competían contra los Rolling Stones, Keneddy se peleaba por el teléfono con el presidente de la URRS, y las minifaldas se volvían la prenda más usada.

Por lo tanto, la Lengua argentina recomienda ver esta película mientras se degusta un buen tarro de pochoclo, se piensa en qué se va a hacer el fin de semana, se sienta bien cómodo en el sillón y se prepara, en caso de tener un poco de sueño, para dormir una linda siesta llena de sonidos extraordinarios en dolby surround 5.1.

Garganta profunda

A mis manos llegó, así como por arte de magia, una revista cuyo metonímico nombre alude a un grito inmortal. Es una de esas publicaciones que juegan por lo bajo, que se venden sólo en algunos quioscos de la ciudad, en ciertas librerías o bares del centro, o se reparten en aulas de facultades, pero que pegan fuerte en lo alto de la situación periodística nacional. Una de estas revistas que ya desde el diseño dan a entender que las cosas se construyen y se sostienen desde abajo, y que siempre se puede sorprender y dar vuelta las cosas. Realizada por uno de aquellos grupos editoriales que toman medidas siempre desde lo profundo del corazón, y dan que hablar a quienes monopolizan la palabra día a día, con su maquinaria multimediática e hiper repetidora. Al igual que todas esas cosas leíbles, que me llegan a las manos por arte de magia, no pude evitar leerla desde el inicio de su primera página hasta el final de su última.

La edición del mes de mayo de 2011, la que tenía en mis manos, tiene en tapa y en contratapa a la Mona Jimenéz. Al frente, el cordobés muestra su garganta en un grito simliar al de la editorial que lo publica, mientras que al final, la Mona se cola -o se cuela, para ser correctos- en la Gioconda de Leonardo.

Digo para ser correctos, porque esta revista no es correcta, y ese es el orgullo de todos los que la hacen y la leen. La Garganta Poderosa es incorrecta política y periodísticamente porque nace de una realidad muchísimo más incorrecta que ella. Se pone a la vanguardia de la difusión alternativa y desde allí difunde la acción verdadera, que es la acción de los vecinos de los barrios marginales de la Ciudad de Buenos Aires y de toda Latinoamérica.


Una lectura de sus realizadores daría alguna pista de su voluntad eterna: los redactores, Claudio Kiki Savanz y Ayelén Toledo (a quienes conoceremos próximamente), los colaboradores Miguel Sánchez, Julio Cortázar, Roberto Santoro, el Padre Mujica y Luciano Arruga, y Rodolfo Walsh como su redactor jefe.

La hojeamos un rato y vemos a la Brujita Verón queriéndose comer una página, a algunos trabajadores de barrio sonriendo para la cámara, a la Mona, al payaso cordobés Piñón fijo, a los polémicos hijos de la noble Ernestina. Saltamos a la página del medio y vemos una foto a doble carilla. ¡Con ustedes, uno de los torturadores más famosos del país! Luis Abelardo Patti, con el uniforme con el que todos amamos verlo. El titulado es "La fiesta de todos II". De fondo, el Monumental del 78. Pero volvamos al comienzo, para entender mejor de qué se trata esto.

Cuesta derribar la costumbre. Buscamos el título, y al no encontrarlo, leemos el cintillo que encabeza la página: "emociona ver a Liliana Galarza, empujando su carro, a los 51 años, por la villa 21-24. No lleva cartones, lleva el sustento de sus 11 hijos".

Empezamos a leer la masa textual, una suerte de editorial-manifiesto de la garganta que se autodenomina La Poderosa, hasta llegar al final de la primera columna, donde nos topamos con la volanta y el título. Ahí estaba el guacho. En esta revista, los títulos están en la base. Estas notas crecen desde el pie, como diría Zitarrosa. Terminamos de leer la apertura y entendemos que esta garganta gigante se compone por "anónimos todos", "cada día más negros", quienes durante 7 años alumbraron "con trabajo comunitario y financiero genuino infinitos espacios de educación popular, cooperativas, talleres y asambleas autónomas". La escuchamos gritar el gatillo fácil, o el "SAME que jamás se llevó a Humberto y Pascual". La escuchamos reirse de periodistas e intelectuales como Morales Solá o Beatriz Sarlo, que hablan sin saber de qué. Escuchamos su necesidad de saber cómo se llaman "Felipe" y "Marcela". La vemos agradecerle al Victor Hugo uruguayo y a su compatriota Galeano, al periodista de la voz grave Eduardo Aliverti, al pelado de los stand-ups Sebatián Wainraich, a Daniel Tognetti, cuya pasada por el noticiero C5N terminó cuando manifestó su admiración por Fidel, y a la radio alternativa La Tribu, por hablar de ellos con fundamentos; esto es, simplemente y como cualquier periodista sabe, informándose antes, con aventurera curiosidad.

Por momentos, mientras la leía, llegué a pensar que era una de esas publicaciones kirchneristas, como las que últimamente están saliendo a la calle, o se reparten gratis a la entrada del subte. Pero no lo es. Me di cuenta de esto al observar, en sus márgenes, las caritas de los reprimidos por la burocracia y por la policía, Mariano Ferreyra y Carlos Fuentealba, dos íconos de las luchas sociales que no pudo apropiarse el movimiento que hoy gobierna la Argentina, cada vez con más consenso y hegemonía.

Varios gritos da la garganta. Están los gritos del pueblo, que aprovecha estas páginas para difundir sus acciones: notas como la de Cirilo, el fotógrafo del barrio Fátima, en Villa Soldati, que cuenta la resistencia de su barrio durante la dictadura. O gritos como el de la villa Rodrigo Bueno, en Costanera Sur, que le ganó un juicio al gobierno porteño, e impidió "la amenaza pro de ceder nuestras tierras para los negocios inmobiliarios de los Rodríguez Larreta", y que hará que Maurizio -como escribe Verbitsky-, en vez de enviar las topadoras del desalojo, deberá "presupuestar viviendas, porque otra vez el poder empresarial ha perdido la batalla contra el poder popular".

Gritos como los de los presos, que tienen su oportunidad de saludar a sus viejas o a los muchachos y, de paso, dejar un consejo para que los que están afuera no permitan que el sistema los encierre a ellos también".

Por otro lado están las entrevistas a famosos, como al rey del cuarteto que cuenta que un milico lo perdonó en la dictadura cuando lo iban a desaparecer, o de su origen humilde; o a la brujita pincharrata que dejó la comodidad y el lujo inglés, para sacar campeón de América al club de sus orígenes; o a Pablo Marchetti, director de la revista Barcelona, haciéndose cientas de preguntas sobre la actualidad de los medios de comunicación.

Y me dije: esta es una revista que no apuesta a la rutina ni a la convención. Que a cada paso, despliega nuevas formas de entrevista, como el doble discurso interior entre el joven redactor "Kiki" y Piñón Fijo, o el color humorístico que tira aquel pibe sobre las páginas finales. Esta revista sabe lo que hace. Porque si a todos los entrevistados les hacen una en pregunta común, es porque esta es de las preguntas que realmente importan, como la explicación de la Brujita sobre su tatuaje del Che Guevara, o el porqué de su pelada, o a la Mona Jiménez, quejándose de que los colectivos no paran en su barrio a las 10 de la noche.

Porque esta revista canta junto al pueblo, y no lo mira desde atrás, y no se olvida de las causas de la pobreza ni olvida a los responsables de que las cosas estén como están. Y cuando la garganta grita por los responsables, no se queda sólo en los que llevaron a cabo la acción, sino que señala a quienes se encargaron de ocultar lo que se llevaba a cabo desde el monstruo del estado, cuando su deber era informarlo. Por eso, por los alrededores de la Casa Rosada, esa mañana del 25 de marzo, amanecieron los afiches que acusaban a Mirtha Legrand, a Gelblung, o a Mariano Grondona, bajo la consigna de ¡Yo no me olvido! Por eso dan que hablar. Y por eso seguirán gritando desde las bases, lo que tenemos que hacer para lograr la igualdad y la integración.

http://lapoderosa.org.ar/

Música para mujeres

La lengua argentina respeta y ve con gran alegría el uso de los canastos en las bicicletas, y afirma de una vez por todas que este artículo de multiples e inimaginbles usos, no es "para mujeres". Ni es de mujer usarlos. El hecho de que asociemos el canasto con las mujeres es un hecho cultural que debemos cambiar y suprimir. Todo ciclista, masculino o femenino, debe transportar cosas; el uso de la llamada "canastita para la bici" resulta equivalente para cualquiera de los sexos, sin preferencias por uno u otro, ni mayorías o minorías de uso. Este artefacto, por lo tanto, no puede encasillarse como un objeto comercial con un target bien definido -así como las tiritas rosas del manubrio se dirigen al público femenino de entre dos y siete años; las rueditas, para la misma edad; el timbre, para los melacónlicos; las calcomanías de los stones, para los rolingas y el casco, para los precavidos. Basta una corta caminata por las calles del centro porteño, a las ocho horas y media de la mañana, cuando el sol araña con sus rayos las torres de Puerto Madero, para ver centenas de bicicletas con gigantescos canastos que transportan el pan del día hacia las miles de oficinas que conforman el Estado nacional y su inabarcable maquinaria.

La lengua argentina por lo tanto defiende el uso de "la canastita en la bici" y decreta que no es de mujer usarla, mucho menos cuando ésta tenga un cartel que diga:

aguante el rock and roll manga de giles

Pero este tema tan polémico en la sociedad actual hace pensar en la esencia verdadera de las cosas que sí son sólo para mujeres. Cuáles son esas actitudes, manías y preferencias que hacen a la mayoría de un sexo y no del otro. Cuáles son las características que diferencian, por ejemplo, un negocio de ropa de uno y de otro sexo, o una publicidad de desodorante femenino de una de masculino. Por ejemplo, ¿qué mujer usa corbata hoy en día? Pocas. ¿Qué hombre usa pollera, que no sea escocés? Los transexuales (si es que podemos considerarlas hombres). La cuestión es más que compleja y las preguntas de tan gran trascendencia que se hacen aquí como por al azar, no tienen ni tendrán nunca respuesta.

Lo que sí tiene respuesta, y casi siempre suele ser la misma, cada vez que un varón le pregunta a otro si ya escuchó a cierta banda que en estos últimos años se ha hecho famosa en el ámbito nacional, o si aprecia a ciertos solistas que ya llevan alguna trayectoria de carrera y ha ganado algunos premios y vendido unos cuantos discos, la repuesta pocas veces se diferencia a esta:

-Eso es música para mujeres.

¿Por qué? Nadie puede explicarlo con palabras. Música que les gusta a las mujeres y punto. Música que a los hombres generalmente les da lo mismo; ni les gusta demasiado ni les disgusta. No comprarían sus discos, salvo para hacerle un regalo a alguna novia, hermana, madre, hija, tía, prima o amiga. Eso sí, están al tanto de estos ritmos, porque es la música que escuchan las mujeres, y a los hombres -como bien se sabe en todo el mundo- si hay algo que intentan hacer todo el tiempo, es -justamente- estar con mujeres. Pero la música les da lo mismo.

Pizza al corte

Una novedad lingüística, surgida desde las clases más populares del país, es decir, el pueblo peronista, es el uso del "corte". Se usa, en ciertas ocasiones, para introducir un ejemplo, corte, el tránsito te pudre, no aguanto la ciudad, cada día me rompe más las pelotas, corte, el otro día me quedé en el medio de una batalla de bocinas entre bondis, taxis y autos y viejas locas que gritaban. También se lo usa para introducir comparaciones, corte, estoy saliendo con una guachita linda, corte, Celeste Cid. También se usa para introducir adjetivos precisos, corte, me compré unas altas zapatillas, corte, re piolas. Ya se está convirtiendo una "muletilla", corte, una partícula lingüística coloquial innecesaria, totalmente desprovista de significado, corte, que surge casi inconscientemente por la costumbre del uso, corte, me gusta comer, corte, un pancho corte con mostaza, corte.

Ahora, si el "corte" es una novedad oculta, es porque no se lo suele escuchar en medios como la televisión o la radio. Distinto es el caso de "tipo" o "tipo que". En principio es similar al "corte": ambos son novedades surgidas en la última década, sus significados son análogos, así como sus usos y aplicaciones. Lo único que diferencia al "corte" del "tipo" o "tipo que" es, corte, su extracto social. Corte, el "corte" lo usaría un pibe del bajo flores, mientras que el "tipo que" lo usaría una chetita de Zona Norte del conurbano, tipo, en oraciones corte tipo que esto es re grasa, o, me compré un vestido tipo strapless re bueno, boló, o, el boliche que fuimos la semana pasada, tipo que no me gustó para na, mucha grasa, muchos negros.

El "corte" ya se está difundiendo por todo el país. Viaja a velocidades inimaginables. Ya se lo menciona en Jujuy. Se lo dice accidentalmente en Bolivia. En Brasil se lo usa, aunque más bien con la forma "cojchi".

El "tipo que" hace furor en San Isidro, Belgrano, Palermo, y más ultimamente en Caballito se usa a diario y por doquier.

La clase intelectual, por el contrario, usa expresiones como "por ejemplo", "verbigracia", "es decir", "mismo que", y lo hace detrás de sus anteojos y levantando el índice de la mano derecha, como para dar cuenta de que lo que se dice es importante.

Pero pasemos a lo más importante:

La pizza al corte es un fenómeno que no por nuevo, cada vez pega más en la sociedad porteña. Es, fue y será costumbre pasar caminando por una avenida corte Corrientes y ver, por el cristal, individuos comiendo pizza de dorapas, corte como si mientras la masticaran, esperasen el bondi. Algunos de saco y maletín, contestan mensajes en sus celulares. Otros, corte de jean y camisa, leen el Clarín. Otros, con pantalones de algodón, camperas deportivas y gorra con visera, miran por la ventana. Los pizzeros, tras el mostrador, corte con sus delantales y sombreritos blancos corte guardapolvo escolar, y el facón en la diestra, esperan los tickets para dar sus hachazos, cortar un par de porciones, meterlas en el horno corte gigante que hace sudar sus espaldas y, "¿qué tomás pa?", preguntan al cliente. "¿Qué puede ser?", "Coca o cerveza", "dame un chopp", dice el flaco corte muerto de hambre y después de recibir las porciones, se agarra los cubiertos, la birra y a la tabla a disfrutar de ese queso tan bien derretido y el ajo en pedazos tan grandes.

Sin dudas, no sólo es el delicioso gusto de la pizza, su queso burbujeante, su tuco sugerente y su orégano aromático lo que hacen de estas pizzerías un éxito. Es, más bien, su servicio de pizza al corte, es decir, la posibilidad de disfrutar cada porción, ya sea muzza, napo, fugazzeta, fugazza rellena, jamón y morrones, o espinaca, parados corte en dos patas, firmes y mirando siempre al frente. Es la poesía del lugar, tan tanguero y porteño. En cada barrio la pizza al corte tiene un nombre distinto: por Congreso, La Continental, por Diagonal Norte, Las Cuartetas, por el Obelisco, Güerrín, por Chacarita, La Imperial, por Córdoba y Juan B. Justo, Angelín, por Belgrano, Burgios, por Boedo, San Antonio, por Liniers, El Fortín, por San Telmo, Pirilo, por Villa Crespo, Angelito y por Plaza Italia, pizzería que últimamente se está multiplicando y convirtiendo en cadena -al igual que las panquequerías de Carlitos-, la gran Kentucky. Y si se tiene necesidad de algo más económico, aunque no por eso menos delicioso, por todas partes están Ugi's, la Fábrica de pizzas o Zappi, y sus respectivas imitaciones baratas.

Eh guacho!!

El que dice "eh amigo", se pone como un igual, un compinche del receptor, es por eso que cuando un desconocido quiere hacer una petición, una pequeña colaboración pecuniaria, lo dice de esta forma: "Eh amigo, ¿no te copás con una monedita para la birra?" Parecería que esta forma de apelar es nueva, pero la verdad es que ya el mismo Gardel, antes de entonar Quevachacé, batía: "eh amigo, sáquese ese berretín".



También tenemos el che boludo/a en Buenos Aires, el che negro culiao/a en Córdoba, el Gurí en Misiones, el huevón (cuya fonética es "uon") en Chile, el parcero, en Colombia, el chicu en Cuba y Puerto Rico, el buey ("uei") en México.

Decir eh guacho ya es distinto. Es posible que después de llamar eh guacho a cualquier desconocido que camina por una estación de tren en la noche, y pide un pucho porque está seco de guita, este ultimo, es decir, quien ha sido llamado eh guacho, reaccione quedándose en silencio unos minutos, y despues diga: "¡¡¿me dijo guacho? ¿me dijo guacho?¿Qué le pasa a ese gil?!!", con las venas del cuello hinchándoseles, la dentadura apretada, los ojos saltones.

Otros casos similares son el de "capo" y el de "pa". ¿Qué te sirvo pa? pregunta un pibe que vende empanadas en una rotisería de San Telmo.
Una rosarina linda, en cualquier boliche marplatense le contestará, "soy de Rosario, capo", a cualquier flaco que se la este chamuyando. Hoy como en tiempos de altos tangos sigue siendo el

"el piropo una industria nacional,
florida y sentimental",

como dijera Leopoldo Díaz Vélez.


El apelativo "che negro" es amplio. Decir negro o negra abarca a africanos/as, mestizos/as, mulatos/as, turcos/as, árabes, indios/as, españoles/as, italinos/as y hasta caucásicos que vuelven de sus vacaciones.

Situaciones semejantes son las de "disculpá flaco/a", que se usa en un espectro de personas cuya contextura física va desde la escualidez hasta la obesidad máxima, por lo cual dicho adjetivo (flaco/a) resulta siendo arbitrario, pero sin duda es de lo más usado hoy día para llamar al desconocido.

Distinto es el caso de "rubia", apelativo que se usa para referirse a una mina o a un transexual (que también es una mina pero por decisión propia) que pasa por la vereda, y que casi siempre va acompañado de un piropo, con la fórmula sintáctica de apelativo, objeto indirecto--> verbo, artículo--> sustantivo (puede funcionar como objeto directo, o circunstancial de instrumento)-->adjetivo, por ejemplo: "rubia, te como el pavito entero", o, con menor nivel de grosería, "rubia, te lleno de besos dulces". Lo mismo con morocha. Otro piropo muy válido es la petición de matrimonio: morocha, me caso con vos.

Pero sin duda, es el más eficiente en materia de calidez, el uso de "hermano" o "brother", que pedimos prestados a quienes justamente no son nuestros hermanos, es decir, los yanquis. Decir man, o en algunos casos "dude" (dtud) (como lo es El gran Levowsky de los hermanos Coen) también es un préstamo imperial.

Y lo mejor para el final. Ganador indiscutible del premio apelativo de oro es "loco/a". Usado en incontables ocasiones, el "loco/a" se convirtió en la forma más común de denominar al semejante: "uy, loco/a, qué flash".

De yapa, Tita entona La milonga y Yo.





Palabras serias que suenan graciosas

En su edición pasada, la sarcástica revista Barcelona tituló: ¡A cojer que se acaba el mundo!, lo cual, en opinión de este humilde blog, constituye un grave error de ortografía, puesto que la palabra cojer, que en la lengua argentina quiere decir fornicar, es decir, mantener relaciones sexuales, es decir, reproducirse, es decir, garchar, o echarse un polvito en una noche de primavera, viene del español coger cuyo sinónimo es agarrar o tomar, pero como esto a nadie le importa, es decir, a todos les chupa un huevo, y como la revista Barcelona es una revista de una calidad y creatividad bestiales, vamos a dejar esto de lado para hablar de ciertas situaciones sociales que nos suceden día a día.


Es toda una situación incómoda pronunciarlas, especialmente porque puede que se esté acostumbrado a escucharlas, y es imposible que cuando se las escuche, las neuronas, que tienen tantas conexiones entre sí, no las relacionen con lo que éstas quieren decir si se las divide por la mitad o si se las separa en unidades menores, plenas de sentido cada una de ellas, por lo tanto, cuando se las pronuncia, sin haber antes pensado que podían sonar de esa forma, ni que podían evocar en las mentes de los y las escuchas las imágenes que inintencionalemente presentan, siempre se siente un poco de vergüenza, se colorean los cachetes, y un breve sentimiento de arrepentimiento asoma por los pensamientos de quien las menciona. Y también es una situación más que incómoda, y totalmente inevitable, cuando se las escucha y, en el mejor de los casos, una pequeña diagonal se figura en el labio, como si se tuviera un siete de espadas o de oro, y en el peor, la carcajada invade el invade el cuerpo, lo cual descontenta al resto de las personas que participan de la charla.

Por ejemplo, ¿quién no tuvo que contener las risas cuando algún pseudointelectualoide hablaba de un movimiento de gran envergadura?. Y sí, lamentable y cómicamente, la expresión evoca ese órgano en ese estado en particular, lo cual resulta muy proclive a chistes de mal gusto o a una invitación osada.

Para volver a lo que nos compete, es todo un caso, puesto que antes, digamos unos diez años atrás, esta expresión podía usarse sin pensarse conexión alguna con ninguna acción, mientras que hoy, sin lugar a dudas, lo que nos compete suele traer a escena, o a colación, la acción oral que tantos videos no oficiales que circulan por la interné retratan de tantas actrices y modelos y gatos (es decir, acompañantes vip).

Otro caso polémico tiene justamente que ver con las controversias, con las peleas, con las disputas. Este último sustantivo que significa enfrentamiento o discusión, suele recordarnos cierto trabajo, que hay quienes dicen que es el más antiguo del mundo.

Recoger es un verbo que cada vez se usa menos y que también ilustra el tipo de expresiones de las que este post habla. Y es que, cada tanto, se lo menciona al hablar de la recolección de objetos, y se lo ha usado como chiste-piropo con connotaciones sexuales, por ejemplo, cuando uno propone algo como: ¿Querés jugar a la basurita? y ante el desconocimiento de dicho ejercicio lúdico y ante la pregunta: ¿cómo se juega?, la respuesta es picaresca: vos te tirás al piso y yo te recojo. Otro caso ilustrativo: acoger, que quiere decir dar hospedaje, aunque también quiere decir ¡a coger!.

Finalmente, el gran cantautor popular Ricardo Arjona, con su tono sentimental y melódico, ha notado que un sustantivo puede ofrecer un juego de palabras que, ante las miradas indignadas de los paquetes y paquetas que tanto se preocupan por el qué dirán, propone asociar dicho sustantivo con lo que sus primeras seis letras significan, si se las despoja del resto de la palabra, es decir la reputación.

Y sí, todas tienen connotaciones sexuales, puesto que la investigación para este post (tan importante para el análisis lingüístico del habla rioplatense), no ha sido exhaustiva, sino que se limitó a la espera del uso de dichas frases y expresiones, en charlas cotidianas. Si a alguien se le ocurre alguna otra, se agradecerá la colaboración.




¡Pero qué hidepú!

"De toque", "al toque" y "señor, no me toque"

El pasado 27 de marzo, se cumplieron 110 años del nacimiento de Enrique Santos Discepolo. Por eso, este post que poco y nada tiene que ver con su vida, su obra y su gloria, va dedicado a su memoria.

Algo rápido es algo de toque. Por ejemplo, para decir que alguien eyaculó precozmente, podemos decir que eyaculó de toque; o para decir que alguien comió muy rápido: que lastró de toque, o -rememorando viejos tiempos- que manyó de toque, que morfó de toque y, hoy día, por algunos lados se oye que alguien papeó de toque. Para decir que la pizza que pedimos por teléfono llegó rápido, decimos que la pizza llegó de toque, y cuando nos apuran en el teléfono, contestamos que en un toque salimos para allá.

Al toque, en cambio, es algo fácil. Algo directo. Algo para lo que no tenemos que estirar mucho el brazo, o caminar o manejar, o gatear en el caso de los más chiquitos, muchas cuadras. Por ejemplo:

-¿Dónde quedaba esa parrilla que siempre nos decís que vayamos?, dice alguien arqueando la ceja izquierda.

-Dónde quedaba, no. Se dice: ¿dónde queda?. No se incendió la parrilla, ni se mudaron las achuras. Sigue estando donde estaba, acá al toque, a dos cuadras.

O por ejemplo: ¿te va a costar mucho traerme las reposeras que te presté el verano pasado para ir a San Marcos? No, te las traigo al toque.

Como si por arte de magia sucedieran estas cosas. Y hablando de magia, ¿no es verdad que todo lo que hacemos hoy nos parece que lo hacemos por arte de magia?

Y hablando de toques y hechiceros, y en un tono melodramático, como cuando miramos una noticia en la televisión, y nos quejamos del estado de las cosas, de las personas, de la sociedad, del mal imperante en la naturaleza humana y otras giladas como esas, yo digo ¿no? ¿Qué nos pasa a los argentinos y argentinas, que aceptamos sin más reproche, que las mujeres sean abusadas en los medios públicos de transporte? ¡¡¿Qué nos ha pasado a los argentinos que dejamos que nos ultrajen y nos arrebaten nuestros derechos de ciudadanos (o inmigrantes, que son poseedores de los mismos derechos que todas las personas poseen)?!! ¡¡¡¿Qué nos pasa a los humanos que dejamos que por aquí y por allá, las mismas atrocidades de siempre se sigan cometiendo todos los días sin ningún signo de rebeldía, ni intento alguno de terminar con toda esta porquería?!!! Señores, pero por favor, no toquen a las damas que viajan en el Sarmiento o en el Urquiza (a menos que ellas se lo pidan). Un poco de respeto. Un poco de moral. ¡¡Y ustedes, damiselas que recorréis las noches porteñas y bonaerenses y cordobesas y rosarinas y tucumanas y marplatenses y sanrafaelinas, traten de vestirse menos provocadoras, por favor. A veces son irresistibles. A veces, los ojos cobran vida propia!!! ¡¡¡Aflojen un poco con las calzas tan ajustadas, o con las polleras voladas tan mambeantes, o con los mini-shorts tan minis!!! ¡¡¡Se vuelve insalubre la cuestión por momentos!!!



Recuperemos la moral. Recuperemos el respeto que se ha perdido. ¡¡Se ha perdido la cultura del trabajo!! ¡¡Se ha perdido la cultura de la esclavitud!! ¡¡¡Hoy los pobres ya no quieren trabajar más de doce horas!!! ¡¡¡Pero qué vergüenza!!! ¡¡¡Volvamos a los viejos tiempos!!! ¡¡¡A las gloriosas épocas en las que reinaba la paz y el facón!!! En los que uno podía transitar las calles sin miedo de que viniera un rati con un chumbo y lo obligara a tirarse al piso a saborear el pavimento. Seamos felices. Olvidemos las cosas feas. Cambiemos la mirada. Lo que pasa es que ponemos mal el foco. Tenemos que mirar ahí a donde nadie quiere que veamos y lograr descubrir justo en ese círculo negro que la luz no ilumina, y ver por fin quiénes son los que se favorecen con toda esta farsa. Quiénes son los que se prueban la ropa que vas a dejar.



Yira, yira, la joyita del día.